Mover los Sentimientos

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Creer que algo o alguien puede darnos la pócima para aplicar la solución acertada ante un problema o conflicto es una manera, como cualquier otra, de auto engañarnos. De igual forma, tomar esta última opción denota desesperación y eso no nos ayuda ya que ponemos expectativas, falsas a todas luces, y dejamos de concentrarnos en el problema. En consecuencia, nos alejamos de la solución.

Cuando estamos ante una dificultad o un problema nos sentimos ciegos,  sin recursos. Son situaciones incómodas de las que queremos huir a toda costa. Nos descolocan y, en las peores circunstancias, pueden llegar a obsesionarnos.

En esas ocasiones nos encantaría poder comprar un manual donde buscar el tipo de aflicción o mejor aún el problema concreto, y localizar el tutorial para aplicar la solución. Pero me parece que creer en este tipo de ayudas es, en sí, un fraude (cuando menos, un fraude a nosotros mismos).

Creer que algo o alguien puede darnos la pócima para aplicar la solución acertada ante un problema o conflicto es una manera, como cualquier otra, de auto engañarnos. De igual forma, tomar esta última opción denota desesperación y eso no nos ayuda ya que ponemos expectativas, falsas a todas luces, y dejamos de concentrarnos en el problema. En consecuencia, nos alejamos de la solución.  Es evidente que nadie conoce mejor nuestras dificultades que nosotros mismos. No resulta creíble que las complicaciones puedan resolverse sin esfuerzo.

Una pequeña ayuda es emprender la vía de solución acercándonos a la dificultad de otra manera. Tenemos que valorar la distancia justa que podemos aplicar delante de cada situación para apaciguar una inquietud o resolver un problema. También nos podemos permitir cambiar la perspectiva. En cualquier caso no es mirar hacia otro lado.

Yo propongo Plantar cara / Afrontar / Hacer frente / Dar la cara (hasta aquí supongo que no tendréis ninguna opinión en contra). Esta manera de afrontar los problemas no es nada nuevo, es la de toda la vida. Podemos dilatar en el tiempo el trance de afrontar nuestra inquietud, pero habrá un momento en que tendremos que hacer frente a nuestro malestar.

El matiz con el que se puede “dar la cara” a las situaciones comprometidas puede ser muy diferente según nuestra actitud y el enfoque que le demos a las situaciones, y esto no es nada más que “plantar cara” a la dificultad. Y como todo en la vida también se puede aprender y entrenar.

El otro día leía en un blog la exposición que una de sus lectoras hacía de un conflicto laboral. La respuesta que le daban estaba en la línea de: “… mantente firme y enérgica con esas personas, déjales muy claro que no vas a consentir más su actuación…”.

Y yo me pregunto vale, es una opción para empezar pero, cómo sigo, qué hago después? Nuestras circunstancias, nuestra forma de ser, nuestras creencias y prejuicios, nuestros valores nos condicionan tanto ante el problema como ante las posibles soluciones.

Aunque nos dictaran la solución exacta a un problema, si no hemos llegado a ella por nosotros mismos, si es la solución “de otros” y no “la nuestra”, es muy posible que no sepamos ni podamos llevarla a cabo. Difícilmente será trasplantable en nuestra personalidad. No es posible abandonar nuestras creencias en un plis-plas.

La solución propuesta a la lectora de ese blog no ha sido interiorizada por ella misma. No ha ejercitado sus propios recursos emocionales que la fortifiquen en ese tipo de conflictos si se prolonga, o se produce de nuevo la situación expuesta.

Necesitamos tiempo, asumir y afianzar nuevas experiencias. Finalmente, ser nosotros mismos y actuar en consecuencia.

Por otro lado, podemos revisar nuevos caminos, intentar nuevas maneras de mirar y elaborar nuestras propias salidas. Enfrentarnos a la dificultad con otros recursos, con otro aplomo.

“Plantar cara” es un actuar con sentido y afrontar una salida nueva. Para ello necesitamos mirar de nuevo, volver a revisar la situación, escuchar lo que pasa a nuestro alrededor. Después, emprender nuestra propia estrategia y llevarla a cabo. Es una manera de responder en los acontecimientos y en nuestras relaciones con los demás. Adaptarlos a nuestros propios actos. Además aprenderemos a afrontar las consecuencias de nuestras decisiones. Podemos “dar la cara” adoptando una actitud comprometida y valiente, creando un nuevo entramado de acción en nuestras relaciones, mirando y escuchando el problema desde nuevos puntos de vista y con una nueva actitud.

“Plantar cara” es afrontar nuestras propias carencias en la resolución de conflictos para ganar en fortaleza. Nuestra arma simbólica es reconocer nuestro yo, nuestras emociones y sentimientos que nos hacen reaccionar, en ocasiones, con precipitación.

Podemos aprender a desmenuzar poco a poco la inquietud y atrevernos a mirarla con serenidad, “dando la cara”, sin necesidad de resolverla a toda prisa.

Una nueva dificultad lo es, es un problema, porque tiene zonas oscuras para nosotros, para nuestra manera de ser. Por ello debemos “plantar cara”, mirar de frente, ver y escuchar mejor. Comenzar a construir desde nuestra posición apocada para encontrar soluciones o salidas.

Naturalmente cada uno de nosotros es diferente en fortalezas y debilidades, pero todos podemos abrir nuevas vías para lograr ampliar nuestros recursos en cualquier ámbito con paciencia, trabajo y valor.

Y tú, qué opinas?

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