Cuando las herramientas aparecen casi sin querer

Una invitación a mirar: Capítulo 9

Cuando las herramientas aparecen casi sin querer

Durante mucho tiempo no tuve ninguna intención de crear una herramienta.

Lo único que hacía era observar, probar, equivocarme y volver a empezar. Cada taller dejaba alguna pregunta abierta y, casi sin darme cuenta, iba introduciendo pequeños cambios que respondían a lo que las propias personas me iban mostrando.

Las imágenes aparecieron de esa manera. Después llegaron otras propuestas. Ninguna nació porque un día decidiera diseñar un método. Fueron apareciendo como aparecen muchas de las cosas importantes: cuando una necesidad encuentra, poco a poco, la forma de expresarse.

Hubo un momento, sin embargo, en el que sentí la necesidad de detenerme.

No para crear un producto. Para comprobar si aquello que empezaba a tener sentido para mí también podía tenerlo para otras personas.

Antes de editar Mover los Sentimientos realicé varias maquetas con una calidad muy parecida a la edición definitiva. Organicé diferentes sesiones con personas que conocía. Les presentaba la propuesta, compartíamos una dinámica y, al terminar, les pedía algo que para mí tenía mucho más valor que un elogio.

Les pedía objeciones.

Quería descubrir todo aquello que todavía no había sido capaz de ver.

Recuerdo especialmente una de aquellas sesiones.

Al terminar, una participante levantó la mano y preguntó con toda naturalidad:

– «¿Y qué pasa cuando ya te han salido las treinta cartas?»

Me pareció una pregunta magnífica.

Quizá porque no preguntaba por las cartas. Preguntaba por nosotros.

Las cartas no cambian.

Quienes cambiamos somos nosotros.

Por eso una misma carta puede acompañarnos de maneras completamente diferentes a lo largo del tiempo. No porque esconda nuevos significados, sino porque nosotros nunca volvemos a mirarla desde el mismo lugar.

Creo que eso mismo ocurre con muchas otras cosas.

Con un libro que releemos años después.

Con una fotografía olvidada en un cajón.

Con una conversación que solo comprendemos de verdad mucho tiempo más tarde.

Las experiencias permanecen.

Somos nosotros quienes seguimos transformándonos.

Quizá por eso nunca he sentido que las cartas fueran el centro de Mover los Sentimientos y/o Crear desde el interior.

Son una puerta.

Una invitación.

Un punto de partida.

Lo verdaderamente importante siempre ha sido aquello que las personas descubren al atravesarla.

Y fue precisamente al observar todo lo que empezaba a ocurrir después de los talleres cuando entendí que el verdadero trabajo no terminaba allí.

En realidad, muchas veces era justo entonces cuando empezaba.

Detenerse también forma parte del camino.

El capítulo termina aquí. La mirada, no.

— Carmen Sanjuán —

Mover los Sentimientos
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.