Cuando hablamos de creatividad solemos pensar en alguien que dibuja, pinta, escribe, compone música o inventa cosas que los demás no habíamos imaginado. Quizá por eso tendemos a pensar que la creatividad pertenece a unas pocas personas: a quienes tienen una sensibilidad especial, a quienes han aprendido una técnica o a quienes parecen capaces de encontrar siempre una idea diferente.
Pero quizá la creatividad empiece mucho antes. Quizá empiece en algo tan sencillo como mirar. Mirar de verdad.
Porque una cosa es ver y otra detenerse a observar. Podemos pasar delante del mismo árbol todos los días y no reparar en él; entrar en una habitación y no recordar después de qué color eran las paredes; escuchar una canción muchas veces y descubrir un día un sonido que siempre había estado allí. El mundo no ha cambiado. Ha cambiado nuestra manera de prestarle atención.
Y cuando prestamos atención de otra manera, empiezan a aparecer cosas que antes no veíamos.
No todos vemos lo mismo
Podemos colocar a dos personas delante del mismo paisaje y pedirles que lo describan. Las dos estarán mirando el mismo lugar y, sin embargo, probablemente no nos contarán exactamente lo mismo. Una reparará en la luz, otra en el sonido; una hablará de los colores y otra recordará el olor de la tierra. Una imaginará quién podría vivir allí y otra querrá marcharse.
No significa que una esté viendo correctamente y la otra no. Significa que nuestra percepción también está atravesada por nuestra experiencia.
Esta idea ocupa un lugar central en Crear desde el interior. Cada carta contiene la ilustración de un lugar y tres verbos o acciones simbólicas. La carta escogida al azar se convierte en un punto de partida para situarnos imaginariamente en ese espacio y comenzar a describirlo desde los sentidos.
Podemos preguntarnos:
¿Qué ves?
¿Qué oyes?
¿Qué hueles?
¿Qué tocas?
¿Qué notas?
La propuesta puede utilizarse con niños, adolescentes o adultos, adaptando la manera de facilitarla a la edad y al propósito de la experiencia. Porque no buscamos únicamente que alguien describa correctamente una imagen, sino descubrir qué ocurre cuando se detiene en ella, la imagina desde dentro y presta atención a aquello que percibe.
Un mismo lugar puede convertirse así en experiencias completamente diferentes. Y esa diferencia es precisamente una de las cosas que nos interesa observar.
Los cinco sentidos abren la puerta
Estamos acostumbrados a utilizar la vista como si fuera suficiente. Miramos una imagen y creemos que ya sabemos qué hay en ella. Pero ¿qué ocurre si cerramos los ojos? ¿Qué queda?
Quizá aparezca un sonido, una temperatura, una textura, un olor o una sensación en el cuerpo. El uso de los cinco sentidos —vista, oído, olfato, gusto y tacto— es una de las vías que propone Crear desde el interior para conectar la experiencia sensitiva con la expresión. La propia propuesta de la herramienta plantea que los sentidos pueden facilitar la conexión emocional con uno mismo y con el mundo.
Cuando prestamos atención a nuestros sentidos, dejamos durante un momento de buscar una respuesta y nos permitimos percibir. ¿Qué habría aquí? ¿Cómo sería tocarlo? ¿Haría frío? ¿Habría ruido? ¿A qué olería? ¿Me gustaría estar allí? ¿Estaría solo? ¿Quién más podría encontrarse en ese lugar?
Poco a poco, la ilustración deja de ser solamente algo que estamos mirando y se convierte en un lugar que estamos imaginando. Y ese lugar empieza a adquirir las características que cada persona le proporciona desde su propia experiencia.
Esto puede resultar especialmente sugerente cuando trabajamos con niños y niñas, pero no termina ahí. Un adolescente puede descubrir que la misma imagen le despierta una sensación que no esperaba; un adulto puede encontrarse describiendo un lugar que, sin saber muy bien por qué, le recuerda una etapa de su vida. La carta es la misma. La experiencia no.
La imaginación no llega después de mirar
A veces pensamos que primero está la realidad y después nuestra imaginación: primero vemos un lugar y luego imaginamos algo sobre él. Pero quizá la relación sea mucho más interesante. Miramos, percibimos, imaginamos y, mientras imaginamos, volvemos a mirar.
La descripción se transforma entonces en una experiencia creativa. No porque estemos intentando producir una obra artística, sino porque estamos construyendo una descripción que antes no existía de esa manera.
En Crear desde el interior, describir un lugar es precisamente una forma de creatividad. La observación permite construir imágenes, metáforas y formas de expresión que pueden exteriorizar algo de nuestro mundo interior. La documentación de la herramienta lo plantea de una manera muy clara: la descripción del lugar es una excusa para profundizar en aquello que sentimos al imaginarlo, y las imágenes simbólicas y la metáfora pueden convertirse en un cauce para reconocernos y explicarnos.
La creatividad aparece cuando aquello que percibimos encuentra una forma propia de ser expresado. Puede ser una palabra, una historia, un dibujo, un sonido, un gesto o una imagen. El medio puede ser verbal, plástico o musical; lo importante es que la percepción encuentre una forma de expresión.
¿Y qué tiene que ver todo esto con las emociones?
Más de lo que parece.
Porque aquello que sentimos también participa en aquello que percibimos. Un mismo lugar puede parecernos acogedor un día e incómodo otro. Una música puede emocionarnos hoy y dejarnos indiferentes mañana. Una imagen puede despertar un recuerdo que no esperábamos. Nuestra experiencia no está separada de aquello que observamos.
Los materiales de Crear desde el interior explican precisamente que un acontecimiento estético puede ser percibido de manera diferente según la emocionalidad personal del momento. Esa percepción, mediada por nuestra interioridad, puede fructificar en expresión creativa.
Por eso la descripción de un lugar puede acabar hablando de algo que aparentemente no estaba allí. Puede hablar de nosotros.
Y aquí es donde la herramienta adquiere una dimensión que va más allá de la creatividad entendida como capacidad para producir algo original. La descripción puede convertirse en una manera indirecta de expresar cómo estamos, qué nos atrae, qué nos incomoda, qué imaginamos o qué necesitamos.
Con un niño quizá aparezca a través de una historia o de un dibujo. Con un adolescente puede surgir una metáfora inesperada. Con un adulto puede aparecer un recuerdo, una asociación o una manera diferente de nombrar algo que hasta ese momento resultaba difícil de expresar.
No necesitamos preguntar directamente «¿cómo te sientes?». A veces podemos llegar a ese lugar dando un pequeño rodeo:
—¿Qué ves?
—¿Qué oyes?
—¿Qué temperatura hace?
—¿Hay alguien contigo?
—¿Cómo estarías allí?
La respuesta puede hablarnos del lugar, pero también de quien lo está describiendo.
Crear también es permitirse no saber
Hay otra cosa que la creatividad nos pide: no saber exactamente qué va a ocurrir.
Cuando describimos un lugar imaginario no conocemos de antemano cómo terminará la descripción. Una cosa lleva a otra, una palabra nos recuerda otra, una imagen nos lleva a una historia y un sonido puede despertar una sensación. De repente estamos en un lugar que no habíamos previsto.
Eso también es creatividad. Y tiene algo de improvisación: no la improvisación entendida como hacer cualquier cosa sin pensar, sino como ser capaces de continuar cuando todavía no conocemos el siguiente paso.
En Crear desde el interior, el azar forma parte de la experiencia. Se escoge una carta y esa carta se convierte en el punto de partida. La carta propone un lugar y unas acciones, pero no determina qué debe aparecer en la descripción. Lo que cada persona ve, oye, huele, toca, imagina y expresa nace de su propia experiencia.
Por eso la misma carta puede generar relatos completamente diferentes, incluso cuando quienes participan comparten el mismo espacio y reciben exactamente la misma propuesta.
Quizá por eso la creatividad se puede entrenar
No necesitamos convertirnos en artistas para ejercitar nuestra creatividad. Podemos empezar simplemente prestando más atención: mirar una ventana durante un minuto, escuchar los sonidos que normalmente ignoramos, intentar describir un lugar sin utilizar únicamente lo que vemos, preguntarnos qué sensación nos produce, cambiar una palabra por otra, buscar una comparación o imaginar qué ocurrió allí antes y qué podría ocurrir después.
Son pequeñas formas de interrumpir nuestra manera habitual de mirar.
Y quizá eso sea lo más interesante de la creatividad. No consiste siempre en crear algo que antes no existía. A veces consiste en descubrir algo que estaba delante de nosotros y que todavía no habíamos visto de esa manera.
Crear desde el interior
Carmen Sanjuán creó Crear desde el interior precisamente desde esta idea. La herramienta parte de una ilustración que presenta un lugar y de tres verbos o acciones simbólicas. A partir de ahí, quien juega se sitúa imaginariamente en ese lugar, lo describe y activa sus sentidos. El facilitador puede acompañar el recorrido mediante preguntas que ayuden a profundizar en la percepción.
En la etapa infantil y primaria, la propuesta pone especialmente el acento en la creatividad a través de la percepción emocional. En adolescentes y adultos, puede utilizarse como facilitador de la conciencia emocional mediante la expresión simbólica. No son dos herramientas diferentes: es la misma propuesta, adaptada a diferentes momentos y maneras de trabajar.
La descripción del lugar es una excusa para ir más allá de lo que vemos y expresar aquello que la experiencia nos provoca. La observación, la percepción y la imaginación pueden conducir hacia imágenes metafóricas y hacia una expresión más personal.
Por eso Crear desde el interior es un facilitador de la observación, base de la apreciación y la creación estética. Y por eso la creatividad no aparece aquí como un resultado que haya que conseguir, sino como algo que se ejercita mientras aprendemos a observar, percibir y expresar.
Crear desde el interior no nos dice qué tenemos que crear.
Nos invita primero a percibir.
Y quizá ahí esté la parte más interesante de su nombre.
Porque lo que finalmente expresamos hacia fuera puede haber empezado mucho antes, en algo tan sencillo como detenernos a descubrir qué estaba ocurriendo dentro mientras mirábamos.
Tal vez la creatividad no consista en tener ideas extraordinarias. Tal vez consista en conservar la capacidad de mirar lo cotidiano como si todavía pudiera sorprendernos.
¿Qué descubrirías si la próxima vez que mirases algo conocido intentaras hacerlo con los cinco sentidos? → Crea tu propia «Mirada»
→ Descubre Crear desde el interior
Una herramienta para explorar la creatividad, la percepción y la expresión desde distintos momentos de la vida.
Un viaje para descubrir otra forma de explorar el mundo emocional.