No siempre resulta fácil responder cuando alguien nos pregunta cómo nos sentimos. A veces sabemos que algo nos ocurre, pero no encontramos las palabras para explicarlo; otras, sabemos incluso qué nos preocupa y, sin embargo, parece que algo dentro de nosotros nos impide avanzar.
Eso es lo que llamamos bloqueo emocional: una dificultad para acercarnos a aquello que estamos viviendo, reconocerlo y encontrar una manera de expresarlo o de movernos ante ello.
En un taller grupal esta dificultad puede hacerse todavía mayor. Para hablar de lo que nos pasa necesitamos sentir que estamos en un lugar seguro, que podemos mostrarnos sin quedar expuestos y que nadie va a decidir por nosotros qué significa aquello que sentimos.
Por eso, cuando trabajamos con emociones, crear un clima de confianza no es un detalle más de la dinámica. Es una condición necesaria para que cada persona pueda hacer su propio recorrido. La confianza nos permite mostrarnos vulnerables y, al mismo tiempo, escuchar a los demás sin necesidad de juzgar ni encontrar inmediatamente una solución.
Son momentos incómodos, porque trabajar sobre aquello que nos cuesta también significa acercarnos a nuestros puntos débiles, enfrentarnos a nosotros mismos y dejar que aparezcan emociones que quizá preferiríamos mantener escondidas. Ante esa incomodidad, el primer impulso puede ser cerrarnos y dejarlo para otro momento. Pero cuando hablamos de nuestro bienestar emocional, a veces necesitamos encontrar una manera de empezar a mover aquello que se ha quedado bloqueado.
«La acción es lo único que puede poner en marcha al ser angustiado».
— María Zambrano
A medida que se genera ese clima de confianza van aflorando temas cada vez más auténticos y, con ellos, una gran generosidad: dejamos entrever nuestras vulnerabilidades y descubrimos que otras personas también tienen las suyas. Como afirma Brené Brown, «la confianza y la vulnerabilidad crecen juntas».
Cuando cuesta encontrar la manera de acercarnos
En uno de mis talleres de Educación Emocional con mi herramienta Mover los Sentimientos llevábamos unos días trabajando sobre nuestras emociones y nuestro estado emocional. El día anterior había propuesto a los participantes que plantearan una situación en la que hubieran experimentado un bloqueo emocional. La intención era sencilla: buscar juntos otras maneras de mirar aquello que estaba ocurriendo.
Vamos a suponer que aquella participante se llamaba Carla.
Este fue su testimonio, extraído del vídeo que grabamos aquel día con el consentimiento de todos los asistentes:
«Mi padre está enfermo, le queda poco tiempo y no sé cómo acercarme a él. Siempre ha existido mucha distancia entre los dos.
Yo sé que le he hecho daño, no sé si me va a perdonar y… quiero abrazarle, pero… no puedo, no me sale, hay algo que…
Cuando estoy en casa pienso en ello, pero frente a él únicamente acuden a mí palabras frías. No sé darle ese abrazo, ese cariño o ese mimo que sé que, tanto a él como a mí, nos iría muy bien. Y salgo de casa de mis padres recriminándome que no le he dado ni un abrazo, no le he dicho una palabra de cariño… Me fustigo y me invade un sentimiento de culpa: «otra vez ha pasado otro día, no me he podido acercar a él y cada vez nos queda menos tiempo».
Ese sentimiento me bloquea y se crea como un bucle que me impide demostrarle mi afecto y me hace sentir culpable, lo que me impide demostrarle mi afecto y… así una y otra vez de nuevo.»
No era una situación que pudiera resolverse con un consejo rápido. Había dolor, culpa, distancia, afecto y también miedo a que el tiempo se acabara. Y quizá precisamente por eso necesitábamos empezar por algo mucho más sencillo: encontrar una pregunta.
—De acuerdo, Carla -le dije-. Esa es la situación que estás viviendo y en la que te sientes bloqueada. Ahora necesito que verbalices una pregunta concreta al respecto.
Después de pensarlo unos instantes, respondió:
«La pregunta sería: ¿cómo puedo acercarme a él?, ¿cómo eliminar barreras?, ¿cómo puedo demostrarle, pese a la frialdad de nuestra relación, que…?»
Una carta para empezar a mover algo
Carla barajó las cartas de Mover los Sentimientos y extrajo una al azar.
MELISA — {Reanimar}

Antes de acudir al Dossier de Pistas y Simbología, le propuse detenerse en la acción de la carta.
—¿Qué te sugiere «Reanimar»? ¿Qué te sugiere como respuesta a lo que acabas de contar?
Su respuesta fue inmediata:
«En este caso lo veo como reanimar a ese amor que “no sale”, que está taponado, encerrado… ese afecto que no sé demostrar pero que sé que está ahí.»
La carta no le había dado esa respuesta. La relación entre «reanimar» y aquello que estaba viviendo la había establecido ella. La palabra había abierto una posibilidad desde la que volver a mirar su propia situación.
Entonces le propuse que cogiera el Dossier de Pistas y Simbología y leyera las sugerencias correspondientes a la carta. No buscábamos una explicación de lo que le estaba ocurriendo, sino aquello que pudiera resonarle y ayudarla a seguir pensando.

Esta fue la frase que escogió:
«No son necesarias las palabras de ánimo para ayudar a quien está abatido, la presencia y la cercanía bastan.»
Le propuse entonces que trabajara con esa frase y con los sentimientos que despertaba en ella la situación que acababa de relatarnos.
Pasados unos minutos, Carla nos leyó lo que había escrito:
«Entiendo que solo con mi presencia, acompañándolo, ya le transmito. A lo mejor no tengo que acelerarme ni recriminarme.
Y cuando hablo de culpas reconozco que también lo culpo a él por dejar de luchar contra la enfermedad, por dejarse ir.
Una vez calmada y libre de culpa, tal vez entonces sea capaz de expresar mi afecto de forma más fluida.»
Algo se había movido.
No porque la carta hubiera encontrado la solución a su problema, ni porque el Dossier le hubiera explicado qué tenía que hacer. Lo que había ocurrido era más sencillo y, al mismo tiempo, más interesante: una palabra, unas sugerencias y una frase habían conseguido abrir un espacio desde el que Carla podía volver a mirar aquello que estaba viviendo.
¿Y si hubiera salido otra carta?
Esta es una de las preguntas que suelen aparecer cuando explico esta experiencia.
¿Y si le hubiera salido otra carta distinta?
Probablemente habría encontrado otro camino.
El azar forma parte de la herramienta precisamente porque introduce un punto de partida que no hemos elegido previamente. La carta pone delante de nosotros una planta y una acción; las Pistas y Simbología amplían las posibilidades de relación con aquello que ha aparecido y, entre todas esas sugerencias, cada persona puede detenerse en aquello que le resuena.
**No existe una interpretación correcta de una carta. Tampoco una frase que tenga que significar lo mismo para todos. La propia documentación de la herramienta plantea que las preguntas y conexiones deben surgir de la lectura y de la relación que cada persona establece con la acción y las Pistas. **
Con otra carta, Carla quizá habría establecido otra relación, habría formulado una pregunta diferente o habría encontrado otra manera de acercarse a lo que estaba viviendo. Y eso no habría hecho que una carta fuera mejor que otra. Habría sido, simplemente, otro punto de partida.
Porque la carta no hace el trabajo por nosotros.
El trabajo lo hace la persona cuando se permite detenerse, mirar, relacionar y expresar aquello que hasta ese momento quizá permanecía confuso.
Cuando algo empieza a moverse
Eso es, para mí, lo interesante del bloqueo emocional. No siempre desaparece de repente, ni necesitamos encontrar una solución completa para sentir que algo ha cambiado. A veces basta con que una pregunta se vuelva más clara, con que una emoción encuentre una palabra o con que podamos mirar una situación desde un lugar ligeramente diferente.
En el caso de Carla, la acción «Reanimar» le permitió acercarse a un afecto que reconocía en sí misma pero que no conseguía expresar. La frase que escogió en las Pistas y Simbología añadió otra posibilidad: quizá no necesitaba encontrar las palabras perfectas para acercarse a su padre. Quizá su presencia también podía ser una forma de expresar ese afecto.
No sabemos qué ocurrió después. Tampoco necesitamos convertir aquella experiencia en una historia con un final perfecto. Lo importante es que, durante aquel momento, Carla pudo pasar de un bucle que la mantenía atrapada a una reflexión en la que aparecían nuevas posibilidades.
Y quizá eso sea lo que significa empezar a mover un sentimiento.
La herramienta como punto de partida
Mover los Sentimientos nació precisamente para facilitar este tipo de exploración. No para decirnos qué sentimos ni para ofrecernos respuestas cerradas, sino para crear condiciones que nos permitan acercarnos a nuestra propia experiencia desde otro lugar.
El azar rompe por un momento nuestros recorridos habituales. La planta introduce un lenguaje simbólico; la acción abre una dirección posible; las Pistas y Simbología ofrecen distintas sugerencias. Después viene lo más importante: aquello que cada persona encuentra en todo ello y la conversación que puede surgir a partir de ahí.
No siempre sabemos de antemano qué vamos a encontrar. Y quizá sea precisamente ahí donde empieza la posibilidad de mirar de otra manera.
Como decía Elsa Punset:
«No es magia, es inteligencia emocional».
Y quizá tampoco haga falta encontrar una respuesta para todo. A veces lo que necesitamos es encontrar una primera manera de volver a conectar con aquello que nos estaba resultando imposible expresar.
Eso fue lo que ocurrió aquel día con Carla.
Una carta apareció al azar. Una palabra abrió una posibilidad. Y algo que parecía bloqueado comenzó, poco a poco, a moverse.