Una mirada inspirada en la carta Coche, de Crear desde el interior.
Cuando miramos por la ventanilla de un coche, el paisaje parece desfilar ante nosotros.
Los árboles pasan.
Los campos pasan.
Los pueblos pasan.
El río pasa.
Sabemos que no es exactamente así.
Son ellos quienes permanecen. Somos nosotros quienes avanzamos.
Pasan los días.
Pasan los años.
Pasa la infancia.
Pasa la juventud.
Pasa la vida.
Hay algo especial en contemplar un paisaje desde un coche.
Basta con apartar la vista un momento.
Cuando vuelves a levantar la cabeza, ese paisaje ya ha quedado atrás.
Sigue ahí, pero ese instante ya no existe.
Puedes volver otro día.
Recorrer la misma carretera.
Encontrar el mismo bosque.
Pero nunca volverás a verlo desde ese momento, con esa luz, siendo exactamente la persona que eras entonces.
Hay edades que solo existen mientras las estás viviendo.
Una última mirada
Quizá mirar un paisaje desde un coche sea una de las formas más sencillas de recordarnos que algunas cosas solo pueden contemplarse mientras están pasando.
Quizá también podrían significar…
- Conducir: Guiar también es decidir a qué paisajes renuncias. Ningún camino permite verlo todo.
- Pasear: No todo desplazamiento necesita un destino. A veces pasear es avanzar sin otra intención que dejarse sorprender por lo que aparece en el camino.
- Viajar: También es aprender que algunos paisajes solo existen mientras pasas por ellos.
Esta Mirada nació de la carta «Coche», de Crear desde el interior.
Tres palabras. Un mismo lugar. Y todo el espacio necesario para que aparezca una Mirada distinta.
¿De dónde nació esta forma de mirar? Lo cuento en [Mirar de otra manera], una reflexión sobre el camino que llevó a crear Crear desde el interior: aprender a detenerse, percibir desde los sentidos y dejar que aquello que observamos nos devuelva algo que quizá estaba dentro.
